Colgué en tu cuello mi silencio,

para que, al callar, tu voz retumbara —perpetua.

Y olvidé asirme de mis sueños,

para, en la noche, volverme poeta.

Caminando, descubrí cierta senda,

que me lleva hacia noches que brillan.

Sonreí, y armé las maletas.

No regresaré.

O quizás, algún día…

 

H. Khan.

 

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