Escondida, detrás de las paredes; de miradas inquisitivas, que siempre acechan. Oculta, tras cortinas de humo, donde las palabras ya no sean una ofensa. Decidida a vivir otra vida, donde nada quema, donde nada duele. Vivo en paz, sumergida en un río, que nunca se seca, que siempre se mueve. Suspiro, tras  las ventanas de la esperanza. Trabajo por mi causa, ferviente. Mis ojos lloran, mas no de tristeza. Ha llegado la hora. Ha cambiado mi suerte.

–Lihem ben Sayel

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