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Mujer del Desierto

"Soy una mujer del desierto, pero ante todo, soy una mujer".

[Resucitará]

Eres como un ramillete

de canciones secas

desgastadas

de lo mucho que se han entonado

en los parajes distantes

de recuerdos absurdos,

fugaces;

letales.

Nube arrancada del cielo con

silencios que rompen ocasos.

Nada resurge. Nadie respira.

Contémplalo todo una vez más.

Y en medio de la muerte

habrá poesía extinta.

En lo oscuro, la luz,

resucitará.

 

—Lihem Ben Sayel

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[Dicen]

Dicen que el consuelo del poeta está en el poema. Dicen, que la lluvia nos acerca al cielo, gota a gota. Dicen que la luz nos envuelve para recubrir nuestras tinieblas. Dicen que no se ama dos veces. Dicen. Eso dicen.

Dicen que los párpados se cierran para que venga la imagen de un tesoro a nuestra memoria. [Recuerdos, son tesoros. La palma de tu mano contra la mía, entrelazadas en una despedida fugaz y etérea.]

Dicen, que mañana olvidaremos la zozobra. Que esas gotas de lluvia —de nuestro infantil cielo— volverán para limpiarnos. Que la amargura acumulada con las heridas de todos estos años, sólo se suaviza con besos, y más besos. Dicen. Eso dicen.

Yo sólo sé que te echo de menos.

—Lihem Ben Sayel.

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En Paz ~ Amado Nervo

Algo hermoso que me han dedicado. Digno de rebloggear. Mil gracias, otra vez… 🙂 Un abrazo.

En-RED-Versados

Poesía del escritor mexicano Amado Nervo, dedicada a una seguidora de En-Red-Versados, Lihem Ben Sayel “Princesa del Desierto”.

El viernes 27 cometí un error y publiqué una entrada en este blog, tenía que haberla publicado en el de RadioSenior e inmediatamente Lihen pinchó en “me gusta” y después esa entrada desapareció,  por eso esta poesía y su canción, de Pablo Milanés, va dedicado a ella.

En Paz

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;                             

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que…

Ver la entrada original 43 palabras más

[Uno se acostumbra a todo]

Y así, uno se acostumbra a todo.

Al resonar opaco de una caricia

que habita en un recuerdo dudoso.

Al caminar apresurado, que estalla

en un destino lejano, escabroso.

Y uno se acostumbra a todo,

o, bueno, a casi todo.

Como a la pérdida dolorosa e infame

de un amor al que estabas ya unido.

Y, como todo aquel que haya vivido,

te acostumbras a no sentirte de nadie.

Deseas que vuelvan otros tiempos,

y te acuestas llorando sobre tu cama.

No te detienes a pensar en el silencio

que emiten tus sensaciones encadenadas.

Nadie te escucha, nadie te mira,

pero de miles de gentes estás rodeada.

Uno se acostumbra a todo, querida,

incluso a estas razones desesperadas.

 

—Lihem Ben Sayel

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[Révolution]

Recorro en mil pedazos

los silencios de tu risa,

la débil y díscola hazaña

de tus labios fragmentados.

Un tesoro que se esconde,

un recuerdo enlatado, que

resurge de un pasado

estancado en el horizonte.

Y cabalgo contra todo

pronóstico mal establecido,

pues de lugares donde había caído

ya logré levantarme, entonces.

Y sin prisas ni temores, hoy

elijo la libertad.

Porque de todas formas no me irá bien.

Porque de todas formas, no me va mal.

 

—Lihem Ben Sayel

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[Cuestión de tiempo]

Sufro una pena constante

por haber perdido la vida.

Yo era tan bella, rozagante

como una amapola en flor.

Me miraban aquellos viajantes

admirados por tanta elegancia,

mi cabello, mis labios, mis danzas

eran cura para cualquier dolor.

Hasta que llegó la hora de todos

los que en esta vida nacimos,

donde la piel se agrieta y se arruga

el alma entera, y también el corazón.

¡Vieja, vieja! me gritan mozuelos

embriagados de años aún por vivir.

Jovencitas me miran con cierto desprecio

y piensan, vieja ¿cuándo vas a morir?

Cuestión de tiempo, ansiosos caminantes

para abandonar este tren que me atrapó

en rieles inciertos y amenazantes.

Cuestión de tiempo para esquivar al dolor.

 

—Lihem Ben Sayel

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[Requiem por una rosa]

Llevaba un misterio en los labios,
algo así como
un beso frío y antiguo.
Una rosa.
Una espina clavada,
en su profundo e hipnótico
mar.
El cielo está de luto,
gritaron ellos,
pensando que su lacónica voz
habría de oírse.
Mas, a su pena y angustia
cedieron;
y el sol no volvió a salir,
jamás.
Invitó la tierra a engullirse
[despacio]
mil recuerdos de tinta ocre.
Y cerró la tumba sus puertas;
para siempre, sus atardeceres.
No bailaron las danzas de luna,
ni aplaudieron su enorme belleza.
Desapareció su sonrisa de luces.
Y aquel misterio,
con ella,
se fue.

 

—Lihem Ben Sayel.

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[Ciertas gotas]

Bienvenida, lluvia eterna.

Te esperaba para dormir.

Arrastra mis lágrimas.

Mi pureza,

no es más que un recuerdo

senil.

Lo llenas todo;

mi espacio

es un lienzo blanco sin color.

Tú y yo, y ciertas gotas.

Tú. Yo.

El amor.

 

—Lihem ben Sayel

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[Dos canciones]

Encendí la luz al paraíso,

para transportarme

[sigilosa]

a tu escondite.

Recobré la mirada

perdida

de un silencio,

y su quietud.

Entoné dos canciones,

con ternura;

[talvez así recordarías mi voz.]

Una, para devolverte el cariño.

Otra, para renunciar a tu adiós.

 

—Lihem ben Sayel

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