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Mujer del Desierto

"Soy una mujer del desierto, pero ante todo, soy una mujer".

[Mujer al otro lado del mundo]

Mujer al otro lado del mundo,

tus penas y mis penas

no son las mismas, no.

Por más que intento imaginar

a la orilla del sueño profundo

cómo será tu vida, cómo te las arreglarás,

yo no lo consigo, no.

Tú te despiertas en la incertidumbre

del hambre, del frío y las bombas,

de tus hijos gritando “mamá, mamá”.

No hay hombres en casa: todos muertos.

Ellos se rehusaron a capitular.

Pero tú, arrastrada en tu única dignidad,

humillada y mullida como el corazón de una flor rota

hallaste la fuerza en el palpitar de sus ojos,

porque los niños te miran, no quieren morir.

Recorres aldeas y pueblos fantasma

donde solo reina una estela de destrucción.

Nadie te da nada si no les brindas algo a cambio.

E incluso hasta a “eso” te ha llevado tu desesperación.

Atrás quedaron los años cuando al pasar te llamaban “dama”.

Poco queda de esa mujer; el resto, sencillamente murió.

No logro imaginarte al otro lado del mundo

suplicando al cielo un poco de consolación.

Lejana mujer, amiga y hermana,

tus penas y las mías

no son las mismas.

No.

 

—Lihem Ben Sayel.

 

 

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[Desaparición]

Y así, te convertiste en sombra. En acertijo; en misterio sin resolver. Desapareciste como desaparecen los sueños, al uno despertarse. Te desvaneciste como el humo de un cigarro fumado hace ya horas. De ti, solo me quedan las ruinas de algo precioso, y cruel. Todo muere, incluso tú. Me queda una imagen difuminada en el tiempo. Un tiempo, que jamás volverá a repetirse. Pero qué buenos fueron. Te echaré de menos, siempre.

—Lihem Ben Sayel.

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[Inadvertida]

Me quedaré esperando

inadvertida, ante el murmullo

de una soledad seca y fría

como lo son todas las soledades—.

Y cuando llegues, después de tantos soles

cuando la luna se haya bajado

de los cielos imperiales

a caminar con los mortales—,

allí, posiblemente, arderán las palabras

más allá de los lugares;

en lo recóndito de las memorias.

 

—Lihem Ben Sayel

 

 

 

[Resucitará]

Eres como un ramillete

de canciones secas

desgastadas

de lo mucho que se han entonado

en los parajes distantes

de recuerdos absurdos,

fugaces;

letales.

Nube arrancada del cielo con

silencios que rompen ocasos.

Nada resurge. Nadie respira.

Contémplalo todo una vez más.

Y en medio de la muerte

habrá poesía extinta.

En lo oscuro, la luz,

resucitará.

 

—Lihem Ben Sayel

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[Dicen]

Dicen que el consuelo del poeta está en el poema. Dicen, que la lluvia nos acerca al cielo, gota a gota. Dicen que la luz nos envuelve para recubrir nuestras tinieblas. Dicen que no se ama dos veces. Dicen. Eso dicen.

Dicen que los párpados se cierran para que venga la imagen de un tesoro a nuestra memoria. [Recuerdos, son tesoros. La palma de tu mano contra la mía, entrelazadas en una despedida fugaz y etérea.]

Dicen, que mañana olvidaremos la zozobra. Que esas gotas de lluvia —de nuestro infantil cielo— volverán para limpiarnos. Que la amargura acumulada con las heridas de todos estos años, sólo se suaviza con besos, y más besos. Dicen. Eso dicen.

Yo sólo sé que te echo de menos.

—Lihem Ben Sayel.

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En Paz ~ Amado Nervo

Algo hermoso que me han dedicado. Digno de rebloggear. Mil gracias, otra vez… 🙂 Un abrazo.

En-RED-Versados

Poesía del escritor mexicano Amado Nervo, dedicada a una seguidora de En-Red-Versados, Lihem Ben Sayel “Princesa del Desierto”.

El viernes 27 cometí un error y publiqué una entrada en este blog, tenía que haberla publicado en el de RadioSenior e inmediatamente Lihen pinchó en “me gusta” y después esa entrada desapareció,  por eso esta poesía y su canción, de Pablo Milanés, va dedicado a ella.

En Paz

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;                             

porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que…

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[Uno se acostumbra a todo]

Y así, uno se acostumbra a todo.

Al resonar opaco de una caricia

que habita en un recuerdo dudoso.

Al caminar apresurado, que estalla

en un destino lejano, escabroso.

Y uno se acostumbra a todo,

o, bueno, a casi todo.

Como a la pérdida dolorosa e infame

de un amor al que estabas ya unido.

Y, como todo aquel que haya vivido,

te acostumbras a no sentirte de nadie.

Deseas que vuelvan otros tiempos,

y te acuestas llorando sobre tu cama.

No te detienes a pensar en el silencio

que emiten tus sensaciones encadenadas.

Nadie te escucha, nadie te mira,

pero de miles de gentes estás rodeada.

Uno se acostumbra a todo, querida,

incluso a estas razones desesperadas.

 

—Lihem Ben Sayel

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[Révolution]

Recorro en mil pedazos

los silencios de tu risa,

la débil y díscola hazaña

de tus labios fragmentados.

Un tesoro que se esconde,

un recuerdo enlatado, que

resurge de un pasado

estancado en el horizonte.

Y cabalgo contra todo

pronóstico mal establecido,

pues de lugares donde había caído

ya logré levantarme, entonces.

Y sin prisas ni temores, hoy

elijo la libertad.

Porque de todas formas no me irá bien.

Porque de todas formas, no me va mal.

 

—Lihem Ben Sayel

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[Cuestión de tiempo]

Sufro una pena constante

por haber perdido la vida.

Yo era tan bella, rozagante

como una amapola en flor.

Me miraban aquellos viajantes

admirados por tanta elegancia,

mi cabello, mis labios, mis danzas

eran cura para cualquier dolor.

Hasta que llegó la hora de todos

los que en esta vida nacimos,

donde la piel se agrieta y se arruga

el alma entera, y también el corazón.

¡Vieja, vieja! me gritan mozuelos

embriagados de años aún por vivir.

Jovencitas me miran con cierto desprecio

y piensan, vieja ¿cuándo vas a morir?

Cuestión de tiempo, ansiosos caminantes

para abandonar este tren que me atrapó

en rieles inciertos y amenazantes.

Cuestión de tiempo para esquivar al dolor.

 

—Lihem Ben Sayel

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